Se celebra en Barcelona, en los días 15 al 16 de Febrero de 2008, y con la
participación de Al Gore en la clausura, el Segundo Congreso Internacional de Cambio Climático y Vino.
El tema preocupa, y mucho y merece una reflexión desde el punto de vista del consumidor de vino nacional. Pocas voces en el actual panorama internacional del vino tienen tanta repercusión como la de Richard Smart. Pues bien, en el penúltimo número de la revista Decanter el australiano se quejaba de que hubiera aún profesionales que ignoraban las consecuencias
funestas que esta realidad puede causar, especialmente en zonas y regiones productoras que se caracterizan por un terroir muy definido y que, según sus palabras, no puede ser sostenible si el clima cambia. El impacto no ha de ser tan grande allí donde los vinos carecen de personalidad, pero sí enorme en el caso de que tengan un valor distintivo que esté amenazado por
un cambio en el clima.
Desde el punto de vista del consumidor, y para quien haya probado vinos de Burdeos hace 15 años y hoy, no cabe duda de que el ascenso de grado en el vino es una realidad. La subida de grado siempre se ha achacado, sin embargo, a la contagiosa búsqueda de la máxima puntuación que concede el señor Parker... De esta forma, moda y cambio climático podrían ir de la mano, y algunos productores pueden incluso no ver riesgos en la cuestión.... ¡Pero las modas cambian!
Sea como fuere, si pensamos que los desajustes producidos por un cambio en el clima afectarán no sólo a un incremento potencial del grado, sino también a cambios en la organoléptica que aporta un terroir que ha cambiado a causa del clima, el resultado es que el consumidor pierde.... a menos que el resultado del cambio sea vinos de difrente (y mejor) expresión.
Como opiniones hay para todos los colores, se pueden escuchar dos versiones que quiten hierro al tema:
- El primero es sobre el tiempo que ha de pasar antes de que los cambios impacten realmente. En nuestra opinión, el mejor termómetro para medir esta realidad es observar atentamente los intentos de productores británicos por plantar más viñedo, y también los potenciales progresos en elaboración de tintos que consigan por Alemania. Ambas cuestiones pueden alterar la dinámica de importación - exportación de vino de otros mercados, y su efecto tendría claras repercusiones económicas.
- El segundo es que el consumidor conoce tampoco que el cambio no resultará advertido. ¡Esto se podrá decir siempre de una parte enorme del mercado, pero no de su conjunto!
Se trata éste de un tema muy mediatizado y politizado. Observaremos con detenimiento las conclusiones de este Congreso y sugerimos prestar atención a este tema, no sea que con el calor crezcan más las ganas de consumir refrescos o cervezas...

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada